REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Para recordar ser conscientes de que somos seres conscientes

En este primer lunes del 2021 quiero agradecer a las personas que han seguido los artículos de esta página que inicié hace cinco años con el propósito de recordarnos ser mindful nada más empezar la semana.

Los que hemos tenido el privilegio de integrar esta práctica en nuestra vida diaria sabemos lo fácilmente que se nos puede olvidar poner consciencia entre el pensamiento y la acción, entre tendencias condicionadas y la voluntad de mantener nuestra presencia plenamente atenta en el aquí y el ahora.

La primera vez que meditamos nos asombra la cantidad de pensamientos alborotados que pasan por nuestra mente: descontrolados, discursivos, inconexos y variopintos. A medida que profundizamos en la práctica, nos damos cuenta de que nuestra hiperactividad mental es una cosa (y aprendemos a dejar que esté como tenga que estar, ese día y en ese instante, sin intentar cambiarla) y que nuestra relación con todo ese barullo es otra (vamos percatándonos y, por tanto, distanciándonos cada vez más, de las historias que nos cuenta nuestra mente y de las etiquetas que va poniendo sobre las personas y las situaciones).

Con la práctica continuada llegamos a meditar ininterrumpidamente, ya que no meditamos solo sobre el cojín de meditación, sino que conseguimos estar presentes en lo que estamos, haciendo «una-cosa-detras-de-la-otra», conscientes de cuándo nuestro estado mental está en calma y cuándo está disparatado. Es esa presencia consciente la que nos permite desligarnos del ruido, acogernos al momento presente y ser mindful justo cuando más nos cuesta serlo.

El que medita durante mucho tiempo y luego deja de hacerlo por las vacaciones, o porque ya se ha recuperado de la ansiedad o simplemente ha perdido el hábito, bien sabe lo rápidamente que podemos volver a caernos en el hoyo…

«Capítulo uno: Bajo por una calle y hay un hoyo grande. Yo no lo veo y caigo en él. Es profundo y oscuro. Tardo mucho tiempo en lograr salir. No es mi culpa.
Capítulo dos: Bajo por la misma calle. Hay un hoyo grande y lo veo, pero caigo de nuevo en él. Es profundo y oscuro. Tardo mucho tiempo en lograr salir. Todavía no es mi culpa.
Capítulo tres: Bajo por la misma calle. Hay un hoyo grande y lo veo, pero todavía caigo de nuevo en él. Empieza a ser un hábito. Pero ya voy aprendiendo a salir rápidamente del hoyo. Reconozco mi culpa.
Capítulo cuatro: Bajo por la misma calle. Hay un hoyo grande. Lo rodeo.
Capítulo cinco: Bajo por una calle diferente”.

Psyke seguirá publicando cada lunes, espero que por mucho tiempo, estos recordatorios con cariño y comprensión incondicional hacia nuestras -a menudo- olvidadizas cabecitas…

Recomendación: Meditación «Conscientes de ser conscientes» disponible en www.psyke.es