REFLEXIONES TERAPÉUTICAS PARA INICIAR LA SEMANA CON LA INTENCIÓN DE VIVIR EL PRESENTE Y ASPIRAR A UNA VIDA PLENA CON SENTIDO

Si los pensamientos pueden llegar a enfermarnos, también pueden sanarnos

Cuando nos ocurre una situación adversa, como tantas nos presenta la vida, la tendencia habitual es centrarnos en lo que ha ocurrido y repetirnos la secuencia una y otra vez. Nuestra mente nos lleva a fijarnos obcecadamente en el origen de nuestro sufrimiento con la intención de resolverlo o proveernos de una explicación que nos pueda aliviar. Sin darnos cuenta, el constante recordatorio de algo que ya pasó nos introduce en un bucle de rumiación en espiral descendente que nos saca del presente y puede acabar enfermándonos.
Según la investigación, tenemos entre 60,000 y 70,000 pensamientos al día, la mayoría versan sobre asuntos que nos atormentan del pasado o sobre preocupaciones anticipatorias de situaciones que todavía no han ocurrido. Ambos círculos viciosos generan estrés prolongado (expresado con la hormona cortisol), que ataca nuestro sistema inmunológico, encargado de preservar nuestra salud de forma natural.
El poder sanador del cuerpo es evidente: tomemos como ejemplo una herida mínima, como el corte que puede producir una hoja de papel en la yema del dedo (aunque pequeña, es muy dolorosa). Si tapamos esa herida con una tirita, protegiéndola de cualquier contaminación externa, a los tres días destapamos la herida y ha desaparecido hasta la cicatriz. Sin embargo, si ponemos ese dedo con esa misma herida dentro de agua contaminada, con certeza se infectará y puede acabar poniendo en peligro nuestra propia vida.
La mente cuenta también con esta posibilidad: con la práctica de Mindfulness entrenamos nuestra atención y aprendemos a distanciarnos de pensamientos autodestructivos que nos enferman porque adquirimos la capacidad de darnos cuenta –cada vez con mayor precisión- cuándo hemos caído en el círculo repetitivo de rumiaciones estériles. Nos hacemos conscientes de los pensamientos que nos invaden persistentemente, sobre los que no tenemos ningún control y, sin engancharnos, focalizamos nuestra atención en el presente, aquí y ahora, que es donde, según la investigación, obtenemos mayor bienestar y sosiego.
Para preservar nuestra salud tanto física como psíquica, hemos de responsabilizarnos, pues, de nuestra relación con todo lo que ocurre en nuestro entorno externo, cultivando valiosos recursos internos que cuidan nuestra “casa”.

No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.

“Esta es mi casa” de Mario Benedetti
Ilustración de Alessandro Sanna , autor de “Pinochio: The Origin Story” Recomendación: Meditación de la Montaña en www.psyke.es en AUDIOS (meditación nº12), para aprender a no dejarnos arrastrar por los vaivenes que la vida nos presenta.